UNA HUIDA PERFECTA
Se fue, no lo pude impedir. Hice el esfuerzo para disipar su ausencia pero, no fue posible. Todos los presentes, además de malhumorados, estaban a la expectativa. La desazón se dejaba sentir en el ambiente. Dada esta reacción colectiva, me sentí preocupada. Para mi, no era nada extraño, total siempre me gastaba la misma broma, por eso me metía en serios apuros. Cuando lo hacía, todos se quedaban mirándome, como analizando la situación. Ese reclamo disimulado estimulaba mi indignación. Presentía lo que venía. Un rollo mental que, buscaba relacionar todo con el psicoanálisis. Quizás tenían razón pero, en estos momentos, no me ayudaban las complicaciones. El mal estaba hecho. Mi bochorno no tenía límite. Lo que había ocurrido, en un santiamén, me dejaba como un pajarito en medio de la grama, sin poder decir ni entender nada. Según mis compañeros de sala, le estaba dando mucha cuerda, tanto que se pasaba de la raya con frecuencia. Me estaba debilitando lo más...