UNA HUIDA PERFECTA

Se fue, no lo pude impedir. Hice el esfuerzo para disipar su ausencia pero, no fue posible. Todos  los presentes, además de malhumorados, estaban a la expectativa. La desazón se dejaba sentir en el ambiente. Dada esta reacción colectiva, me sentí preocupada. Para mi, no era nada extraño, total siempre  me gastaba la misma broma, por eso me metía en serios apuros. Cuando lo hacía, todos se quedaban mirándome, como analizando la situación. Ese reclamo disimulado estimulaba mi indignación. Presentía lo que venía. Un rollo mental que, buscaba  relacionar todo con el psicoanálisis. Quizás tenían razón pero, en estos momentos, no me ayudaban las complicaciones. El mal estaba hecho. Mi bochorno no tenía límite. Lo que había ocurrido, en un santiamén, me dejaba como un pajarito en medio de la grama, sin poder decir ni entender nada. Según mis compañeros de sala, le estaba dando mucha cuerda, tanto que se pasaba de la raya con  frecuencia. Me estaba debilitando lo más importante que tenía.


Me acusaban de alcahueta, al tiempo que se mostraban sorprendidos por la frecuencia con la que ocurría. Debo reconocer que eso  era una mala educación, sin parangón. En mi defensa, juro que la mala intensión era lo último que existía. Estaban defendiendo la tesis de la  cortina de humo. No me importaba. Decían tantas sandeces que,no valía la pena tenerlos en cuenta. Lo cierto es que cada vez que partía, desataba  toda clase de conjeturas. Ninguna me favorecía. Hay que considerar que era una situación tan desagradable, como inevitable, pero eso no le daba derecho a nadie para entrometerse. Total, eso le podía pasar a cualquiera.


Se alzaban como  sabios, analíticos, capaces de hurgar en lo interior de cada ser, como si se tratase de tomar un café. Lo que ocurre en esta parte de nuestro cuerpo, no es nada  para nada superfluo como para lanzar veredictos absurdos. A nadie le gusta dilucidar a los cuatro vientos algo tan íntimo y delicado. Esos escapes no solo afectan la autoestima, sino que podían llegar a ser un problema de salud. No había espacio como para buscarle más de cuatro patas al gato,ni para dejarse llevar  por elucubraciones sin sentido. A veces, cuando no se tiene base alguna, es mejor no opinar. Nadie es perfecto.


Es cierto que salía sin  rumbo fijo, por eso, aunque no todas las veces, regresaba así como se había ido. Era tan  volátil, que dejaba todo a mitad del camino. Para mi consuelo, estás cosas le pasaban a todo el mundo, aunque a unos más que a otros. Debo reconocer, con cierta vergüenza, que en mi caso, era usual. Temía que, este tipo de cosas me empezaran a ocurrir con más frecuencia. De ser así,  el riesgo a perder la esperanza de un retorno, me desbordaba. Era algo tan delicado que podía, sin exageración, dejarme sola, sin recuerdos, así de grave era todo esto. A veces era desestresante y entendía que todo era un juego con los demás, aunque muy poca gente lo veía de esa manera. Todo lo contrario, le causaba recelo y paradójicamente un poquito de envidia.


Muchos pensaban que se habían pasado la vida soñando con escapar, sin ataduras, sin explicación, sin dar oportunidad para ser atrapados. Tenía un enemigo que  andaba bajo su persecución. Era el único culpable de esas carreras causantes de su inesperada ausencia. Era comedido y ecuánime. Se mostraba calmado, pensativo, analítico. Lo que,  sin duda, requería de gran concentración. Al parecer, esa era una lucha permanente que lo derrotaba. Era en ese momento cuando se volvía más implacable, cuando se aprovechaba de ella y no la dejaba escapar. La maltrataba hasta verla desaparecer. Para bien de todos, le costaba lograrlo. Era taimado. Cuando aparecía nadie lo percibía .


En realidad todos le temían, aunque no lo reconocieran. Si aplicara todas sus energías en contra de ella,  la vida de cualquier persona, cambiaría .Sería terrible que la lanzara a cualquier lugar, lejos del baúl de los recuerdos, solo para citar lo menos grave que pudiera ocurrir. Como era tan astuto, sabía equilibrar las cosas para no llamar mucho la atención, por eso casi siempre todo quedaba en lo que se llaman lapsus mentales. Eso, dejaba de ser tan grave. El asunto era que lo traspasara.

Este era el riesgo que afectaba a todos, aunque, como dije anteriormente, era algo que casi nadie podría analizar con cuidado. Por eso, temerosa, ella salía  disparada, sin importar lo que pensarían los demás. Escapaba del olvido. No era en contra de nadie, no pretendía causar molestia a quien tenía que aguantar el chaparrón  de su ausencia, aunque fuera por instantes. Digan lo que digan, ella era la más importante, la reina, la que todo lo mueve. Era la memoria, la que se podía desvanecer, a causa del olvido, ese ser oscuro que vive oculto en nosotros. Definitivamente no podían ser amigos. La memoria es vida, es sabiduría, es experiencia, es luz. El olvido es todo lo contrario. No es raro entonces, que con frecuencia,  uno diga, se fue. Se me olvidó.

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